Libro del desasosiego
Libro del desasosiego Considerando, además, y con la claridad que puedo, lo que en apariencia ha sido mi vida, la veo como una cosa colorida —envoltorio de chocolate o vitola de puro— barrida por la leve escoba de la criada que escucha arriba, desde el mantel al recogedor de las migajas, entre las cortezas de la realidad propiamente dichas. Se destaca de las cosas cuyo destino es idéntico por un privilegio que va a dar también al recogedor. Y la plática de los dioses continúa más allá del cepillar, indiferente a esos incidentes del servicio del mundo.
SÃ, si yo hubiese sido rico, protegido, cepillado, acicalado, no habrÃa podido ser ni tan siquiera ese breve episodio de papel bonito entre migas; me habrÃa quedado en uno de los platillos de la suerte —«no, muchas gracias»— y me guardarÃa en el aparador para allà envejecer. AsÃ, rechazado después de comer la migaja práctica, voy con el polvo sobrante del Cuerpo de Cristo al tacho y ni siquiera imagino lo que ocurre y entre qué astros; pero todo es continuar.
¡Qué tragedia no creer en la perfección humana!…
—¡Y qué tragedia creer en ella!
