Libro del desasosiego
Libro del desasosiego Como el patrón Vasques son todos los hombres de acción —potentados industriales y comerciales, políticos, hombres de guerra, idealistas religiosos y sociales, grandes poetas y artistas, mujeres despampanantes, críos que hacen lo que les viene en gana—. Manda quien no siente. Vence quien sólo piensa en la suprema necesidad de vencer. El resto, la informe humanidad en general, amorfa, sensible, imaginativa y frágil, es sólo el telón de fondo contra el cual se recortan esas figuras de la escena hasta que la pieza de guiñol acabe; el tablero a cuadros sobre el cual se alzan las piezas del ajedrez hasta que el Gran Jugador se decida a guardarlas, pues éste, encubriéndose en la doble personalidad, siempre juega contra sí mismo, por entretenerse.
Una de mis preocupaciones constantes es la de comprender cómo es que las demás personas existen, cómo es que existen almas que no sean la mía, consciencias extrañas a mi conciencia, que por ser consciencia, me parece única. Comprendo bien que el hombre que está delante de mí y me habla con palabras iguales a las mías y me hace gestos iguales a los que yo podría hacer, sea, de algún modo, mi semejante. Lo mismo, sin embargo, me sucede con los grabados que sueño en los libros ilustrados, con los personajes de las novelas, con los personajes que pasan por la escena a través de los actores que los representan.