Libro del desasosiego
Libro del desasosiego Si nuestra vida fuese un eterno asomarse a la ventana, si asà nos quedásemos, como un humo detenido siempre, teniendo siempre el mismo momento de escrúpulo coloreando la sinuosidad de los montes. ¡Si quedáramos asÃ, en el más allá de siempre! ¡Si al menos, más acá de la imposibilidad, pudiésemos quedarnos asÃ, sin cometer una acción, sin que nuestros labios pálidos dijesen más improperios!
¡Mira cómo va oscureciendo!… La positiva inmovilidad de todo me llena de rabia, de algo que es la acritud en el sabor de la aspiración. Me duele el alma… Un trazo lento de humo se levanta y se dispersa a lo lejos… Un tedio inquieto me hace no pensar más en ti…
¡Es todo tan superfluo! Nosotros y el mundo y el misterio de ambos.
La idea de viajar me seduce por analogÃa, como si fuese una idea oportuna para seducir a alguien que no fuese yo. Toda una vasta visibilidad del mundo me recorre, en un movimiento de tedio multicolor, la imaginación despierta; esbozo un deseo como quien no quisiera hacer más gestos y el cansancio anticipado de los paisajes posibles me aflige, como viento torpe, la flor del corazón inmóvil.
