Libro del desasosiego
Libro del desasosiego La vida práctica siempre me ha parecido siempre el menos cómodo de los suicidios. Tener que hacer algo ha sido para mà una condena violenta del sueño injustamente condenado. Obtener influencia en el mundo exterior, cambiar las cosas, atravesar seres, influir en la gente —todo esto me parece siempre de una sustancia más nebulosa que la de mis devaneos—. La trivialidad inmanente de cualquier forma de acción ha sido, desde mi infancia, una de las medidas más deseadas por mi desapego incluso hacia mà mismo.
Hacer algo y reaccionar contra uno mismo. Influir es salir de casa.
Siempre he meditado sobre lo absurdo de que, allà donde la realidad sustancial se basa en las sensaciones, hubiese cosas tan complicadamente simples como tiendas, industrias, relaciones sociales y familiares, tan desoladoramente incomprensibles frente a la actitud interior del alma con respecto a la idea de verdad.
De mi negativa a colaborar en la existencia del mundo exterior me llega, entre otras cosas, un fenómeno sÃquico curioso.
Negándome interiormente a la acción, desinteresándome por las Cosas, consigo ver el mundo exterior cuando me fijo en él con una objetividad perfecta. Como no me interesa ni tengo razón alguna para cambiarlo, no lo cambio.
Y asà consigo […].
