Libro del desasosiego
Libro del desasosiego Las almas nacidas para mandar no tuvieron otro remedio que abstenerse. Las almas nacidas para crear en una sociedad donde las fuerzas creadoras faltan, tenían por único mundo plástico a su merced, el mundo social de sus sueños, la esterilidad introspectiva de su propia alma.
Llamamos «románticos» igualmente a los grandes que fracasaron y a los pequeños que se revelaron, pero no hay semejanza alguna, salvo en la evidente sentimentalidad; en unos, no obstante, la sentimentalidad muestra la ausencia del uso activo de la inteligencia. Son fruto de la misma época un Chateaubriand y un Hugo, un Vigny y un Michelet. Pero Chateaubriand es un alma grande que se hace pequeña; Hugo es un alma pequeña que se agranda con el viento de los tiempos; Vigny es un genio que tuvo que huir; Michelet una mujer que hubo de convertirse en un hombre de genio. En el padre de todos ellos, Jean Jacques Rousseau, ambas tendencias se unifican. Su inteligencia era la de un creador, su sensibilidad, la de un esclavo. Afirmó ambas por igual. Pero la sensibilidad social que tenía, envenenó sus teorías, que la inteligencia apenas si pudo disponer con claridad. Su inteligencia sólo le sirvió para lamentar la miseria de convivir con tal sensibilidad.