Libro del desasosiego
Libro del desasosiego La ruina de los ideales clásicos ha hecho a todos artistas en potencia y, por tanto, malos artistas. Cuando el criterio del arte era la construcción sólida, la observancia cuidadosa de las reglas, pocos podían intentar ser artistas, pero gran parte de ellos son muy buenos. Cuando el arte, sin embargo, ha pasado de ser creación, a ser contemplado como expresión de sentimientos, cada cual puede ya ser artista, porque todos contamos con sentimientos.
Cuando, como en noche de tempestad a la que sigue el día, el cristianismo pasó sobre las almas, pudo verse el estrago que había causado invisiblemente; pero la ruina que produjera sólo fue visible una vez que pasó de largo. Creyeron algunos que la ruina era debida a su ausencia; pero si había sido con su marcha que se hizo patente esa ruina, no quiere decirse que fuera su marcha quien la causara.
Quedaron entonces bien a la vista la ruina y la desgracia en este mundo de almas, sin una sola tiniebla que cubriese su falso cariño y, así, las almas se vieron tal cual eran.
Comenzó entonces a infiltrarse en las almas recientes aquella enfermedad que vino a llamarse romanticismo, aquel cristianismo sin ilusiones, aquel cristianismo sin mitos que supone la propia sequía de su esencia enferma.
