Libro del desasosiego
Libro del desasosiego ¿Quién sabe para qué fuerzas supremas, dioses o demonios de Verdad en cuya sombra erramos, no seré sino la mosca lustrosa posada un momento delante de ellos? ¿Pensamiento fácil? ¿observación ya hecha? ¿Filosofía sin pensamiento? Tal vez, pero yo no lo pensé, sino que lo sentí. Fue carnalmente, directamente, con un horror profundo y oscuro, que constaté la risible comparación. Fui mosca al compararme con la mosca. Me sentí una mosca cuando supuse que lo era. Y me sentí con alma de mosca, me dormí ya mosca, me sentí encerrado como una mosca. Pero el horror mayor es que al mismo tiempo me he estado sintiendo yo mismo. Sin querer dirigí la mirada hacia el techo, no fuese a caer sobre mí una regla, y me aplastara como podría yo aplastar a aquella mosca. Afortunadamente, al bajar los ojos, la mosca había desaparecido sin hacer el más mínimo ruido. La oficina involuntaria quedaba una vez más sin filosofía.
… la solemne tristeza que habita en todas las cosas grandes —tanto en las cumbres más altas y en las grandes vidas, como en las noches profundas y en los poemas eternos.
