Libro del desasosiego
Libro del desasosiego Y si acaso hablo con alguien lejano y si, hoy nube de lo posible, mañana cayeras, lluvia de lo real sobre la tierra, nunca olvides la divinidad original de mi sueño. Sé siempre en la vida aquello que pueda ser el sueño de un aislado y nunca el abrigo de un amante. Haz tu deber de humilde cáliz. Cumple tu oficio de ánfora inútil. Nadie te reproche lo que el alma del río reprocha a sus márgenes: que existan sólo para darle límites. Antes no correr en la vida, antes dejar de soñar.
Que tu genio sea tu ser superfluo, y tu vida el arte de mirarla y ser mirada, no siendo nunca igual. No seas nunca ninguna otra cosa.
Hoy eres, si acaso, el perfil creado de este libro, una hora encarnada y separada de las demás horas. Si tuviese la certeza de lo que eres, crearía una religión sobre el sueño de amarte.
Eres lo que falta a todo. Eres lo que falta a cada cosa para poder amarla por siempre. Llave extraviada de las puertas del Templo, camino encubierto del Palacio, Isla lejana que la bruma nunca deja ver…
Es noble ser tímido, distinguido no saber hacer nada, grande no tener madera para vivir.
Sólo el Aburrimiento, que es un retiro, y el Arte, que es un desdén, doran de algo parecido al contentamiento nuestra […].
Fuegos fatuos que nuestra putrefacción engendra, son al menos luz en nuestras tinieblas.
