Libro del desasosiego
Libro del desasosiego Aquella malicia incierta y casi imponderable que alegra cualquier corazón humano ante el dolor de los demás y el pesar ajeno, la pongo a examen en mis propios dolores, la llevo tan lejos, que en las ocasiones en que me siento ridÃculo o mezquino, la disfruto como si fuese otro el que estuviese en mi lugar. Por una extraña y fantástica transformación de sentimientos, sucede que no siento esa alegrÃa maliciosa y humanÃsima ante el dolor y el ridÃculo ajenos. Ante la puerilidad de otros siento no un dolor, sino una incomodidad estética y una sinuosa irritación. No me ocurre esto por bondad, sino porque quien hace el ridÃculo no lo hace sólo para mÃ, sino también para los otros y me duele que cualquier animal de la especie humana se rÃa a costa de los demás, cuando no tiene ningún derecho a hacer tal cosa. Cuando los otros se rÃen a mi costa, no me importa, porque de mà hacia afuera existe un desprecio conveniente y blindado.
Más terrible que cualquier muro, he levantado rejas altÃsimas demarcando el jardÃn de mi ser, de modo que, viendo perfectamente a los demás, los puedo excluir perfectÃsimamente y mantenerlos a raya.
Escoger modos de no hacer nada ha sido siempre la fijación y el escrúpulo de mi vida.
