Libro del desasosiego
Libro del desasosiego Pregunto y continúo. Escribo la pregunta, la confundo con nuevas frases, la desmadejo con nuevas emociones. Y mañana volveré a escribir, siguiendo mi libro estúpido, las impresiones diarias de mi falta de convencimiento friolero.
Sigan tal cual. Jugado el dominó, ganado el juego, o perdido, las fichas se ponen del revés y el juego acabado es negro.
Llega una tranquilidad campestre a la propia ciudad. Hay momentos, sobre todo en los mediodías de verano, en que el campo invade esta Lisboa luminosa como si fuese un viento. Y hasta aquí, a la propia Rua dos Douradores llega ese hermoso sueño.
¡Qué bueno para el alma ver callar bajo un sol cenital y quieto, estos carros de paja, estos cajones a medio hacer, estos peatones lentos, llegados de la aldea! Yo mismo, mirándolos desde la ventana de la oficina donde me encuentro a solas, me transformo: estoy en una plácida ciudad de provincias, afincado en una aldehuela desconocida, y al sentirme otro, soy feliz.
