Libro del desasosiego
Libro del desasosiego De tal modo he acabado convirtiéndome en una ficción de mà mismo, que cualquier sentimiento natural que yo tenga, desde su nacimiento se me transforma en un sentimiento de la imaginación —la memoria en sueños, el sueño en olvidarme del sueño, el conocerme en no pensar en mÃ.
De tal modo me he despojado de mi propio ser, que existir es vestirme. Sólo disfrazado logro ser yo. Y en torno a mÃ, todos los atardeceres desconocidos doran, al morir, los paisajes que no he de ver nunca.
«¿De qué diablos se rÃe usted?», me preguntó de buenas la voz de Moreira, salida de entre los dos estantes de mi mesa.
«Era de un juego de nombres que estaba haciendo…» y detuve [los] pulmones al hablar.
«Ah» dijo Moreira rápidamente y la paz polvorienta descendió de nuevo sobre la oficina y sobre mÃ.
¡El señor Vizconde de Chateaubriand echando números! ¡El señor profesor Amiel aquÃ, en un banco alto! ¡El señor conde Alfredo de Vigny con deudas en el Grandela! ¡Senancour en Douradores!
Ni Bourget, pobrecillo, al que le cuesta leer tanto como una escalera sin ascensor… Me giro sobre la repisa para ver de nuevo mi boulevard de Saint Germain y justamente a esta altura el socio está escupiendo a la calle.
