Libro del desasosiego
Libro del desasosiego De tan suave y aérea, la hora era un ara donde orar. Por cierto, que en el horóscopo de nuestro encuentro culminaban benéficas conjunciones. Tan sedosa y tan sutil, la materia incierta del sueño se introducía en nuestra consciencia de sentir. Había acabado por completo como un verano cualquiera, la amarga noción de que no merece la pena vivir. Renacía la primavera y aunque fuese por error, podíamos pensar que la habíamos tenido. En el desprestigio de nuestras semejanzas, los estanques se lamentaban de la misma manera, entre los árboles y las rosas en los descubiertos arriates y la melodía indefinida de vivir —todo irresponsablemente.