Libro del desasosiego
Libro del desasosiego Sólo cuando llega de noche siento, de algún modo, no una alegría sino un desahogo que, puesto que otros desahogos fueron contentos, se siente contento por afinidad de los sentidos. Entonces pasa el sueño, la confusión del atardecer mental que deja el sueño, se esfuma, se aclara, casi se ilumina. Viene, por un momento, la esperanza de otras cosas. Pero la esperanza es breve. Lo que sobreviene es un tedio sin sueño ni esperanza, un mal despertar de quien no llegó a dormirse. Y desde la ventana de mi cuarto contemplo, pobre alma cansada de su propio cuerpo, muchas estrellas; muchas estrellas, nada, la nada, muchas estrellas…
Cuando vivimos de forma constante en lo abstracto —sea lo abstracto del pensamiento, sea lo abstracto de la sensación pensada—, no tarda mucho sin que, contra nuestro mismo sentimiento o voluntad, se nos conviertan en fantasmas las cosas de la vida real que, de acuerdo con nosotros mismos, más deberíamos sentir.
