Libro del desasosiego
Libro del desasosiego Y en un momento estoy ya pensando en otra cosa, inevitablemente, por un impulso que no sé qué es. Y entonces, cual si estuviese delirando, se mezcla con lo que no he llegado a sentir, con lo que no pude ser, un rumor de árboles, un sonido de agua corriendo hacia el estanque, una finca inexistente… Me esfuerzo por sentir, pero ya no sé cómo se siente. Me he convertido en la sombra de mà mismo, a quien hubiese entregado mi ser. Al contrario de aquel Peter Schlemihl del cuento alemán, no vendà mi sombra al diablo, sino mi sustancia. Sufro por no sufrir, por no saber sufrir. ¿Vivo o finjo vivir? ¿Duermo o estoy despierto? Una tenue brisa que sale fresca del calor del dÃa, me hace olvidar todo. Me pesan los párpados agradablemente… Siento que este mismo sol dora los campos donde no estoy y donde no quiero estar… En medio de los ruidos de la ciudad surge un gran silencio… ¡Qué suave! ¡Pero cuánto más suave, si yo pudiera sentir!…
Cuanto más alta es la sensibilidad y más sutil la capacidad de sentir, mucho más vibra y se estremece con las pequeñas cosas. Es necesaria una prodigiosa inteligencia para angustiarse ante un dÃa oscuro. La humanidad, que es poco sensible, no se angustia con el tiempo, porque siempre hace alguna clase de tiempo, como no siente la lluvia hasta que no le cae encima.
