Libro del desasosiego
Libro del desasosiego ¿El viejo sin interés de las polainas sucias, que se cruzaba conmigo a las nueve y media de la mañana? ¿El lotero cojo que me importunaba inútilmente? ¿El viejo rechoncho y colorado del puro en la boca de la puerta del estanco? ¿El dueño macilento del estanco? ¿Qué fue de todos ellos, que de tanto verlos y volverlos a ver, formaban ya parte de mi vida? Mañana también yo me iré de la Rua da Prata, de la Rua dos Douradores, de la Rua dos Franqueiros. Mañana yo también —el alma que siente y piensa, el universo que soy para mí mismo—, sí, mañana seré yo mismo el que dejó de pasar por esas calles, el que otros evocarán vagamente con un «¿qué habrá sido de él?». Y todo cuanto hago, todo cuanto siento, todo cuanto vivo, no será más que un peatón menos en la normalidad de una calle de una ciudad cualquiera.