Libro del desasosiego
Libro del desasosiego Si fuese músico, escribiría mi propia marcha fúnebre, y ¡cuánta razón tendría al hacerlo!
Los asuntos del Estado y de la ciudad no tienen nada que ver con nosotros. Qué nos importa que los ministros y los cortesanos hagan una pésima gestión de las cosas de la Nación. Todo eso ocurre allá afuera, como el barro en los días lluviosos. Nada de eso nos importa y, al mismo tiempo, nada tiene que ver eso con nosotros.
De igual modo, tampoco nos interesan las grandes convulsiones, como las guerras o las crisis de los países. Mientras no entren en nuestra casa, qué puede importarnos a qué puertas llamen. Esto, que parece apoyarse en un tremendo desprecio por los demás, realmente se basa en el aprecio escéptico hacia nosotros mismos.
No somos bondadosos ni caritativos —no porque seamos lo contrario, sino porque no somos ni lo uno ni lo otro. La bondad es la delicadeza de las almas zafias. Para nosotros tiene el interés de un episodio ocurrido a otro, con otra forma de pensar. Observamos y ni aprobamos ni dejamos de aprobar. Nuestro oficio consiste en no ser nada.