La Misión de la Robot Salvaje
La Misión de la Robot Salvaje —¡Escúchenme! —su voz metálica resuena sobre el bullicio—. La marea venenosa no representa una amenaza inmediata. El océano es vasto, y es improbable que esta marea llegue hasta aquÃ.
Pero su intento de calmar los ánimos es rápidamente interrumpido por un gruñido profundo. Thorn, el oso, se adelanta, su expresión es un reflejo del miedo reprimido que todos los animales intentan disimular.
—¿Estás segura, Roz? —dice con un tono que no deja espacio para dudas—. ¡Quiero saber que estamos seguros!
A su lado, Nettle, su hermana, lo apoya con un cabeceo firme.
Roz observa los rostros de sus amigos. En los ojos de Chitchat, la ardilla, y en los de Fink, el zorro, percibe la misma duda corrosiva. Incluso Swooper, el sabio búho, tiene el plumaje erizado por la tensión.
—Entiendo sus temores —responde Roz, intentando no dejar ver su propia preocupación—. Pero solo los gansos migratorios y yo hemos visto cuán inmenso es el océano. Parece improbable que esta marea pueda atravesar tal extensión y encontrarnos aquÃ. Debemos conservar la calma y no dejarnos llevar por el pánico.
Gale, la gaviota, lanza un grito agudo desde una roca.