La Misión de la Robot Salvaje
La Misión de la Robot Salvaje Thorn y Nettle intercambian una mirada; aunque no parecen del todo convencidos, la desesperación les obliga a aceptar la propuesta. Así, una silenciosa procesión de criaturas comienza a moverse hacia los rincones profundos y ocultos de la isla. La habitual calma del bosque ha desaparecido, y en su lugar, una tensión se apodera de cada paso, de cada crujido de hojas secas bajo sus patas. La isla, antes un refugio apacible, ahora se siente como un lugar acechado por una sombra invisible.
Roz camina detrás de ellos, sin dejar de observar el horizonte en el que esa marea extraña brilla cada vez con más intensidad. Aunque sabe que este plan es temporal, en su núcleo sintético, Roz siente que la marea venenosa es solo el inicio de algo mucho más oscuro y devastador.
Roz sabía que no podía quedarse cruzada de brazos mientras la marea venenosa avanzaba, devastando el océano y amenazando a la isla. Con la imagen grabada del lobo marino herido y sus palabras angustiadas, “la marea venenosa viene”, decidió encontrar la fuente de la amenaza. Al entrar al agua y analizar el veneno, descubrió que este no era un fenómeno natural; era un residuo químico que se extendía desde un lugar oculto bajo el océano.
