La Misión de la Robot Salvaje
La Misión de la Robot Salvaje Roz asiente en silencio y, con extrema delicadeza, toma al lobo entre sus brazos mecánicos. Lo lleva hasta el borde del mar y lo coloca en las olas. Un leve destello de paz ilumina los ojos del lobo antes de desaparecer bajo las aguas. Pero el temor permanece, como una sombra extendiéndose entre todos los animales. Al mirar hacia el horizonte, Roz ve el brillo de la marea venenosa que se aproxima, lento pero inevitable.
—Esto no es un peligro cualquiera —dice Roz en voz baja, observando cómo el agua clara comienza a ser invadida por un reflejo extraño y perturbador—. Esta amenaza podría destruirlo todo.
La noticia de la “marea venenosa” se propaga como un incendio en el bosque, llenando cada rincón de la isla con un pánico sofocante. Los animales, que usualmente disfrutan de la paz matutina en la Tranquera del Alba, ahora se encuentran discutiendo con desesperación sobre la amenaza que se cierne sobre sus vidas. Este lugar, que solía ser un santuario de intercambio de noticias y convivencia, se ha transformado en un hervidero de temores y especulaciones.
Roz, la robot que ha protegido a estos animales desde su llegada, intenta poner orden.
