El Satiricón

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3.ª PARTE: EUMOLPO

79. No había a mano antorcha ninguna para guiar nuestra marcha en desbandada, y el silencio de la media noche ya no nos permitía contar con la luz de 2 los transeúntes. Añádase a esto nuestra embriaguez y el desconocimiento de aquellos parajes que, aun en 3 pleno día, serían ya bastante oscuridad. Después de arrastrarnos cerca de una hora entre toda clase de pedregales y punzantes cascos de cerámica rota, nos sacó 4 de apuros la penetrante inteligencia de Gitón. La víspera, y como medida preventiva, ya que temía perderse hasta en plena luz del día, había marcado con tiza todos los pilares y columnas; esas rayas triunfaron de la más cerrada oscuridad nocturna y nos señalaron con 5 su destacada blancura el camino a seguir. No por ello pasamos menos apuros cuando llegamos a la posada. 6 Nuestra vieja patrona, en compañía de sus huéspedes, había bebido tanto que se hubiera dejado quemar viva sin despertarse. Seguramente hubiéramos pasado la noche a la puerta si no llega a pasar un mensajero de 7 Trimalción con un convoy de diez carros. Sin perder el tiempo en armar escándalo, forzó, pues, la puerta de la posada y nos hizo entrar con él por el mismo boquete.

¡Qué noche aquella, dioses y diosas del cielo! ¡Qué 8 dulce lecho! Entre ardientes abrazos confundimos nuestras almas en un delirio de mutuos besos. Adiós preocupaciones mortales. Por mi parte, entonces, me sentí morir.


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