6 Eso mismo era exactamente lo que también nosotros deseábamos. Ahora bien, la oportunidad contribuyó a que se vieran satisfechas las aspiraciones de ambas 7 partes. Efectivamente, el campesino, indignado de vernos exigir la presentación del harapo, le tiró a Ascilto la túnica a la cara y, al quitarnos así todo motivo de reclamación, mandó que depositáramos en mano de una tercera persona el manto, convertido ahora en único objeto de discusión.
8 Recobrado pues, al parecer, nuestro tesoro, nos fuimos corriendo a la hospedería; dentro, y a puertas cerradas, nos echamos a reír de la sutileza tanto de los revendedores como de los impostores, que derrocharon habilidad para devolvernos nuestro dinero:
No quiero alcanzar al instante lo que anhelo: la victoria fácil no me gusta.
16. Pero al acabar de engullir la cena dispuesta por el servicial Gitón, un atrevido y estruendoso empujón hizo retumbar la puerta.