El Satiricón

El Satiricón

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26. Ya Psique había envuelto la cabeza de la niña con el velo colorado, ya el embasiceto abría la marcha con una antorcha en la mano, ya le seguían en larga hilera y aplaudiendo aquellas mujeres en estado de embriaguez. Habían dispuesto en la sala nupcial la alfombra de la profanación. Entonces, Cuartila, bajo 2 el incentivo de aquella parodia voluptuosa, se levantó igualmente, cogió a Gitón por la mano y lo arrastró al dormitorio.

Era evidente que el muchacho no había puesto 3 mucha resistencia; y tampoco la niña se había desolado y palidecido ante la palabra «boda». Encerrados ellos 4 ya a solas, nosotros nos sentamos a la puerta de la sala. Cuartila, tomando la iniciativa, echó una mirada indiscreta por una rendija maliciosamente preparada y observaba con libidinosa curiosidad aquel juego infantil.

Con las caricias de su mano me atrajo a mí también 5 a su lado para que presenciara la escena, y, como se tocaban las caras de todos los espectadores, aprovechaba los entreactos para acercar sus labios a los míos y darme, como de paso, unos cuantos besos seguidos.


Y, tumbados en la cama, pasamos sin sobresaltos 6 el resto de la noche.


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