El Satiricón

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2.ª PARTE: LA CENA DE TRIMALCIÓN

27. Entretanto, sin desnudarnos, nos fuimos a pasear… o, mejor dicho, a pasar un rato entretenido acercándonos a los corrillos, cuando, de pronto, vemos a un viejo calvo, vestido con una túnica rojiza, que jugaba a la pelota con unos esclavos jovencitos y de 2 largas melenas. A nosotros no nos llamaron tanto la atención los esclavos —aunque valían la pena— cuanto el propio dueño, que calzaba sandalias y se entrenaba con pelotas verdes. Ya no volvía a coger la pelota que se le caía al suelo, sino que un esclavo tenía un saco lleno e iba abasteciendo a los jugadores de nuevas pelotas. 3 Observamos todavía otras particularidades: había dos eunucos, uno a cada extremo del campo; uno tenía en la mano un orinal de plata; el otro contaba las pelotas, pero no las que pasaban de mano en mano al desarrollarse el juego, sino las que caían al suelo. Estábamos, pues, admirando esas finuras, cuando llega 4 corriendo Menelao: «Este es —dice— el que os invita a su mesa, y ya estáis asistiendo al preludio de la cena.» No había concluido su frase Menelao, cuando Trimalción 5 produjo un castañeteo con los dedos, y a esta señal acudió el eunuco tendiéndole el orinal en pleno juego. Aliviada ya su necesidad, pidió agua para las 6 manos, se enjuagó un poquito y se limpió a la cabellera de un esclavo.


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