Apología de Sócrates
Apología de Sócrates él, después de esta amenaza, despreciando el peligro y la muerte y temiendo más vivir como un cobarde, sin vengar a sus amigos, 67
¡Que yo muera al instante![3]
gritó, con tal que castigue al asesino de Patroclo, y que no quede yo deshonrado.
Sentado en mis buques, peso inútil sobre la tierra.[4]
¿Os parece que se inquietaba Fhetis del peligro de la muerte? Es una verdad constante, atenienses, que todo hombre que ha escogido un puesto que ha creído honroso, o que ha sido colocado en él por sus superiores, debe mantenerse firme, y no debe temer ni la muerte, ni lo que haya de más terrible, anteponiendo a todo el honor.