Cármides
Cármides —¿Qué remedio es? me dijo.
Le respondà que mi remedio consistÃa en cierta yerba, pero que era preciso añadir ciertas palabras mágicas; que pronunciando las palabras y tomando el remedio al mismo tiempo se recobraba enteramente la salud; pero que por el contrario las yerbas sin las palabras no tenÃan ningún efecto. Pero él dijo:
—Voy, pues, a escribir las palabras que tú vas a decirme.
—¿Las diré a petición tuya o sin ella?
—A mi ruego, Sócrates, replicó riéndose.
—Sea asÃ; ¿pero sabes mi nombre?
—SerÃa una falta en mà el ignorarlo, dijo; en el cÃrculo de jóvenes casi eres tú el principal objeto de nuestras conversaciones, y respecto a mà mismo, recuerdo bien haberte visto, siendo niño, muchas veces en compañÃa de mi querido Critias.
