Crátilo
Crátilo SÓCRATES. —Entonces, si quiero nombrar la primera cosa que se me presente, por ejemplo, lo que llamamos hombre, llamándolo caballo; y lo que llamamos caballo, llamándolo hombre; ¿un mismo ser tendrá el nombre de hombre para todo el mundo, y para mà solo el de caballo; y el mismo ser tendrá el nombre de hombre para mà solo y el de caballo para todo el mundo? He aquà claramente lo que tú dices.
HERMÓGENES. —Me parece que es asÃ.
SÓCRATES. —Veamos; responde a lo siguiente. ¿Admites que haya algo a que tú llames verdadero, o a que llames falso?
HERMÓGENES. —SÃ.
SÓCRATES. —Por consiguiente, ¿existe un discurso verdadero y un discurso falso?
HERMÓGENES. —Sin duda.
SÓCRATES. —¿El discurso, que dice las cosas como son, es verdadero; y el que las dice como no son, es falso?
HERMÓGENES. —SÃ.
SÓCRATES. —¿Luego es posible decir, mediante el discurso, lo que es y lo que no es[7]?
HERMÓGENES. —Ciertamente.
SÓCRATES. —El discurso verdadero, ¿es verdadero por entero, mientras que sus partes no son verdaderas?
HERMÓGENES. —No; sus partes son verdaderas igualmente.
