Dialogos I
Dialogos I SÓC. —Pero sà lo que se refiere a un esclavo, afirmas tú.
ION —SÃ.
SÓC. —Por ejemplo, el lenguaje propio de un esclavo, pastor de bueyes, para amansar a sus reses soliviantadas, ¿es el rapsoda quien lo sabrá mejor y no el pastor?
ION —No, por cierto.
SÓC. —Quizá, entonces, ¿lo que dirÃa una mujer que hila lana, sobre este trabajo de hilar?
ION —No.
dSÓC. —Entonces, tal vez, lo que dirÃa un general para arengar a sus soldados.
ION —SÃ; éstas son las cosas que conoce el rapsoda.
SÓC. —¡Cómo! ¿El arte del rapsoda es, pues, el arte del general?
ION —Al menos, yo sabrÃa qué es lo que tiene que decir un general.
SÓC. —Posiblemente tienes tú también, oh Ion, talento estratégico. Y supuesto también que fueras un buen jinete al paso que un tocador de cÃtara, conocerÃas los caballos que son buenos o malos para emontar. Pero si yo te pregunto: «¿por medio de qué arte sabes tú, oh Ion, si una cabalgadura es buena? ¿Por el del jinete, o por el del citarista?». ¿Qué me responderÃas?