Dialogos I
Dialogos I SÓC. —¿También el mejor general de Grecia?
ION —Seguro, oh Sócrates; todo esto lo he aprendido yo de Homero.
SÓC. —Por los dioses, oh Ion, ¿cómo es, pues, que siendo el mejor de los helenos en ambas cosas, como general y como rapsoda, vas recitando de un sitio para otro, y no te dedicas a hacer la guerra?; ¿o es que te parece que entre los griegos hay más necesidad de rapsodas coronados ccon coronas de oro, que de generales?
ION —Es que nuestra ciudad, oh Sócrates, está gobernada y dirigida militarmente por vosotros,[21] y no necesita de un general; y la vuestra y la de los lacedemonios no me escogería a mí por jefe; pues vosotros tenéis conciencia de que os bastáis a vosotros mismos.
SÓC. —¡Oh, querido Ion! ¿No conoces a Apolodoro de Cícico?[22]
ION —¿A quién?
SÓC. —A aquel al que, aunque extranjero, han escogido muchas veces los atenienses como general; y también a Fanóstenes de Andros dy Heraclides de Clazómenas,[23] que siendo extranjeros, como eran, por haber mostrado su capacidad, la ciudad los designaba para estrategos y para otros cargos públicos. ¿No escogerían, pues, a Ion de Éfeso como general y lo honrarían como tal, si le encontrasen digno de ello? ¿Es que los de Éfeso no sois, desde tiempo inmemorial, atenienses? ¿Es que Éfeso es menos que otra ciudad?