Dialogos I
Dialogos I SÓCRATES
Había vuelto yo, en la tarde anterior, de Potidea,[1] del campamento, y 153ame alegraba, después de tanto tiempo, de volver a las distracciones que solía. Llegué, pues, a la palestra de Táureas,[2] la que está frente por frente del templo de Basile.[3] Una vez allí, me tropecé con mucha gente, que en parte me era desconocida; pero a la mayoría los conocía. En cuanto me vieron que entraba tan de improviso, se pusieron a saludarme de lejos, cada cual desde su sitio. Pero Querefonte,[4] maniático bcomo es él, saltó de entre el medio, vino hacia mí, y tomándome de la mano:
—Oh, Sócrates —dijo—, ¿cómo es que has escapado de la batalla?
Efectivamente, poco antes de mi partida había tenido lugar una batalla en Potidea, de la que, justamente ahora, se había tenido noticia aquí.
Yo le respondí:
—Pues así, tal como tú ves.
—Hasta aquí han llegado nuevas —dijo— de que la batalla ha sido muy dura y de que en ella han muerto muchos conocidos.
c—Esas noticias se ajustan bastante a la verdad —le repliqué.
—¿Estuviste presente en el combate? —preguntó.
—Estuve.
