Dialogos I
Dialogos I —Entonces, siéntate aquà y cuéntanos, porque aún no nos han informado de todo con detalle.
Y, diciendo esto, me llevó junto a Critias,[5] el de Caliscro, y me hizo sentar a su lado. Cuando me hube acomodado, saludé a Critias y a los otros y comencé a hablarles de todo aquello que a cada cual se le ocurrÃa preguntarme en relación con la campaña. Y uno preguntaba por una cosa, y otro por otra.
dCuando ya tenÃamos bastante de todo esto, le pregunté yo, a mi vez, por las cosas de aquÃ: qué tal le iba ahora a la filosofÃa,[6] cómo andaba la juventud y si se distinguÃa alguno por su saber o su hermosura, 154ao por ambas cosas. Y Critias, mirando hacia la puerta y viendo que entraban algunos jóvenes, bromeando entre ellos y seguidos por un montón de gente, dijo:
—Por lo que respecta a los más hermosos, me parece que pronto lo vas a ver. Porque los que están entrando son la avanzadilla de admiradores del que parece ser, al menos por el momento, el más bello. Creo que él mismo está ya acercándose.
—¿Quién es? —le pregunté—, ¿y de quién?
—Probablemente le conoces —dijo—. Lo que pasa es que, cuando bte marchaste, aún no estaba en edad. Es Cármides,[7] el hijo de nuestro tÃo Glaucón, primo mÃo, pues.