Dialogos I
Dialogos I AM. —¿Y tan hermoso te pareció ser ese extranjero, al punto de resultarte más bello que el hijo de Clinias?
SÓC. —¿Cómo no va a parecer más bello lo que es más sabio, querido amigo?
AM. —Entonces es que acabas de encontrar a algún sabio. ¿No, Sócrates?
dSÓC. —Al más sabio, sin duda, de los de ahora, si es que consideras muy sabio a Protágoras.
AM. —Pero ¿qué dices? ¿Protágoras ha venido de viaje?
SÓC. —Ya es su tercer dÃa aquÃ.
AM. —¿Y, por tanto, vienes de estar con él?
310aSÓC. —Y de hablar y oÃr muchÃsimas cosas.
AM. —¿Es que no vas a contarnos la reunión, si nada te lo impide, sentándote aquÃ, en el sitio que te cederá este esclavo?
SÓC. —Desde luego. Y os daré las gracias por escucharme.
AM. —Más bien nosotros a ti por hablar.
SÓC. —Va a ser un agradecimiento mutuo. Asà que oÃd.
»En esta noche pasada, aún muy de madrugada, Hipócrates, el hijo de Apolodoro y hermano de Fasón, vino a aporrear con su bastón bla puerta de mi casa a grandes golpes. Apenas alguien le hubo abierto entró directamente, apresurado, y me llamó a grandes voces: