Dialogos III
Dialogos III Como la gran mayorÃa de los comentaristas modernos del diálogo —y en contra de quienes, como Burnet y Taylor, sostuvieron la absoluta historicidad de las afirmaciones de Sócrates en él—, pienso que Platón está utilizando la figura de su inolvidable maestro para exponer su propia doctrina sobre el tema. Incluso el relato autobiográfico en el que Sócrates habla de su progresión en busca de un método filosófico general, más allá de Anaxágoras, está completado con un toque platónico. Es a Platón, y no a Sócrates, a quien pertenece la teorÃa de las ideas, que ya apuntaba en el Eutifrón y que en el Fedón, y los diálogos de este perÃodo de madurez, recibe su formulación más explÃcita. Ese relato de una experiencia intelectual —que se inserta en Fedón 96a-101c— constituye uno de los segmentos más comentados de este texto, y no sin razón. El esquema de la evolución intelectual que ahà se dibuja (que podrÃa corresponder, ciertamente, a Sócrates en sus primeras fases, incluyendo la superación crÃtica de los enfoques de Anaxágoras y la afirmación de una teleologÃa en la naturaleza) parece ajustarse muy bien al propio proceso experimentado por Platón, según cuenta en su Carta VII[2]. Esa «segunda navegación», o deúteros ploûs, que aquà se aconseja, tras el rechazo del método que consistirÃa en observar la realidad en sà misma, es un método platónico, que se funda en la contemplación de las Ideas para llegar asà a «algo satisfactorio», que luego —en la República— se nos dirá que es la Idea del Bien, un método que avanza a través de la dialéctica, y que implica una concepción metafÃsica que Sócrates, pensamos, no expuso a sus discÃpulos. En el Fedón aparecen las Ideas como causas de las cosas reales, que son por una cierta «participación» o «comunión» con ellas, o por la «presencia» de las Ideas en la realidad. Más allá de los objetos reales y mutantes existen esas Ideas, eternas y modélicas, como los prototipos de las figuras matemáticas y los ideales de las virtudes éticas; esas ideas son las realidades en si, los fundamentos de todo lo real. Ciertamente, en el Fedón no se responde a los problemas que tal teorÃa suscita. (Platón vuelve sobre ellos en el Parménides, más a fondo). Aquà se nos presenta la teorÃa en lo esencial.