Dialogos III
Dialogos III dEntonces dijo Simmias:
—¿Cómo es eso que dices, Sócrates? Que acerca de la tierra también yo he oÃdo muchos relatos, pero no ese que a ti te convence. Asà que lo escucharÃa muy a gusto.
—Pues bien, Simmias, no me parece a mà que se requiera el arte de Glauco[111] para referir esos relatos. No obstante, <demostrar> que son verdaderos me parece demasiado arduo, incluso para el arte de Glauco, y, a la vez, yo no serÃa probablemente capaz de hacerlo, y además, incluso si lo supiera, me parece que esta vida no bastarÃa, Simmias, por lo extenso del relato. Con todo, de cómo estoy convencido que es la forma de la tierra, y las regiones de ésta, nada me impide decÃrtelo.e
—Bueno —dijo Simmias—, con eso basta.
—Conque —prosiguió él— estoy convencido yo, lo primero, de que, si está en medio del cielo siendo esférica, para nada necesita del aire ni de ningún soporte semejante para no caer, sino que es suficiente 109apara sostenerla la homogeneidad del cielo en sÃ, idéntica en todas direcciones, y el equilibrio de la tierra misma. Pues un objeto situado en el centro de un medio homogéneo no podrá inclinarse más ni menos hacia ningún lado, sino que, manteniéndose equilibrado, permanecerá inmóvil. Asà que, en primer lugar, estoy convencido de esto.