Dialogos III

Dialogos III

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APOL. —Queridísimo amigo, realmente está claro que, al pensar easí sobre mí mismo y sobre vosotros, resulto un loco y deliro.

AM. —No vale la pena, Apolodoro, discutir ahora sobre esto. Pero lo que te hemos pedido, no lo hagas de otra manera y cuéntanos cuáles fueron los discursos.

APOL. —Pues bien, fueron más o menos los siguientes… Pero, mejor, intentaré contároslos desde el principio, como Aristodemo los 174acontó.

»Me dijo, en efecto, Aristodemo que se había tropezado con Sócrates, lavado y con las sandalias puestas, lo cual éste hacía pocas veces, y que al preguntarle adónde iba tan elegante le respondió:

—A la comida en casa de Agatón. Pues ayer logré esquivarlo en la celebración de su victoria, horrorizado por la aglomeración. Pero convine en que hoy haría acto de presencia y ésa es la razón por la que me he arreglado así, para ir elegante junto a un hombre elegante. Pero btú, dijo, ¿querrías ir al banquete sin ser invitado?

»Y yo, dijo Aristodemo, le contesté:

—Como tú ordenes.


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