Dialogos III
Dialogos III —Esclavo —ordenó Agatón— busca y trae aquà a Sócrates. Y tú, Aristodemo —dijo— reclÃnate junto a ErixÃmaco[13].
»Y cuando el esclavo le estaba lavando —continuó Aristodemo— para que se acomodara, llegó otro esclavo anunciando:
—El Sócrates que decÃs se ha alejado y se ha quedado plantado en el portal de los vecinos. Aunque le estoy llamando, no quiere entrar.
—Es un poco extraño lo que dices —dijo Agatón—. Llámalo y no lo dejes escapar.
»Entonces intervino Aristodemo —según contó—, diciendo:b
—De ninguna manera. Dejadle quieto, pues ésta es una de sus costumbres. A veces se aparta y se queda plantado dondequiera que se encuentre. Vendrá en seguida, supongo. No le molestéis y dejadle tranquilo.
—Pues asà debe hacerse, si te parece —me dijo Aristodemo que respondió Agatón—. Pero a nosotros, a los demás, servidnos la comida, esclavos. Poned libremente sobre la mesa lo que queráis, puesto que nadie os estará vigilando, lo cual jamás hasta hoy he hecho. AsÃ, pues, imaginad ahora que yo y los demás, aquà presentes, hemos sido invitados a comer por vosotros y tratadnos con cuidado a fin de que cpodamos elogiaros[14].