Dialogos III
Dialogos III —Esto, Sócrates —dijo—, es precisamente lo que voy a intentar denseñarte a continuación. Eros, efectivamente, es como he dicho y ha nacido asÃ, pero a la vez es amor de las cosas bellas, como tú afirmas. Mas si alguien nos preguntara: «¿En qué sentido, Sócrates y Diotima, es Eros amor de las cosas bellas?». O asÃ, más claramente: el que ama las cosas bellas desea, ¿qué desea?
—Que lleguen a ser suyas —dije yo.
—Pero esta respuesta —dijo— exige aún la siguiente pregunta: ¿qué será de aquel que haga suyas las cosas bellas?
»Entonces le dije que todavÃa no podÃa responder de repente a esa pregunta.
e—Bien —dijo ella—. ImagÃnate que alguien, haciendo un cambio y empleando la palabra «bueno» en lugar de «bello», te preguntara: «Veamos, Sócrates, el que ama las cosas buenas desea, ¿qué desea?».
—Que lleguen a ser suyas —dije.
—¿Y qué será de aquel que haga suya las cosas buenas?
—Esto ya —dije yo— puedo contestarlo más fácilmente: que seráfeliz.