Dialogos III
Dialogos III Si, efectivamente, el Fedro está, como sus mitos, por encima de toda historia, su localización parece suficientemente probaba. Wilamowitz[5] se refiere a un trabajo de Rodenwald en el que se establece la topografía platónica. También Robin[6] describe el camino hasta el plátano, a orillas del Iliso, bajo cuya sombra sonora por el canto de las cigarras, va a tener lugar el diálogo. Cornford[7] alude a lo inusitado de este escenario en los diálogos de Platón. Sócrates, obsesionado por el conocimiento de sí mismo se entusiasma, de pronto, al llegar a donde Fedro le conduce. «Hermoso rincón, con este plátano tan frondoso y elevado… Bajo el plátano mana también una fuente deliciosa, de fresquísima agua, como me lo están atestiguando los pies… Sabe a verano, además, este sonoro coro de cigarras» (230b-c). La naturaleza entra en el diálogo, y el arrebato místico, preparado por las alusiones mitológicas, va a irrumpir en él.