Dialogos III
Dialogos III FED. —Yo voy a intentar contártelo todo desde el comienzo. Ya de un modo continuo también en los dÃas anteriores acostumbrábamos, dtanto los demás como yo, a acudir a visitar a Sócrates, reuniéndonos al amanecer en la sala de tribunales donde tuvo lugar el juicio. Porque está próxima a la cárcel. Allà aguardábamos cada dÃa hasta que se abrÃa la puerta de la cárcel, conversando unos con otros, porque no estaba abierta muy de mañana. Y en cuanto se abrÃa, entrábamos a hacer compañÃa a Sócrates y con él pasábamos la mayor parte del dÃa.
Pero en aquella ocasión nos habÃamos congregado aún más temprano. Porque la vÃspera, cuando salÃamos de la cárcel al anochecer, enos enteramos de que la nave de Delos habÃa regresado. Asà que nos dimos aviso unos a otros de acudir lo antes posible al lugar acostumbrado. Y llegamos y, saliéndonos al encuentro el portero que solÃa atendernos, nos dijo que esperáramos y no nos presentásemos antes de que él nos lo indicara.
—Es que los Once[8] —dijo— desatan (de los grilletes) a Sócrates y le comunican que hoy morirá.
En fin, no tardó mucho rato en volver y nos invitó a entrar. Al entrar, en efecto, encontramos a Sócrates recién desencadenado, y a 60aJantipa —a quien ya conoces— que llevaba en brazos a su hijito y estaba sentada a su lado. Conque, en cuanto nos vio Jantipa, se puso a gritar, como acostumbran a hacer las mujeres: