Dialogos III
Dialogos III —Pero ¿acaso los has percibido con algún otro de los sentidos del cuerpo? Me refiero a todo eso, como el tamaño, la salud, la fuerza, y, en una palabra, a la realidad[26] de todas las cosas, de lo que cada una es. e¿Acaso se contempla por medio del cuerpo lo más verdadero de éstas, o sucede del modo siguiente: que el que de nosotros se prepara a pensar mejor y más exactamente cada cosa en sà de las que examina, éste llegarÃa lo más cerca posible del conocer cada una?
—Asà es, en efecto.
—Entonces, ¿lo hará del modo más puro quien en rigor máximo vaya con su pensamiento solo hacia cada cosa, sin servirse de ninguna visión al reflexionar, ni arrastrando ninguna otra percepción de los sentidos en su razonamiento, sino que, usando sólo de la inteligencia 66apura por sà misma, intente atrapar cada objeto real puro, prescindiendo todo lo posible de los ojos, los oÃdos y, en una palabra, del cuerpo entero, porque le confunde y no le deja al alma adquirir la verdad y el saber cuando se le asocia? ¿No es ése, Simmias, más que ningún otro, el que alcanzará lo real?
—¡Cuán extraordinariamente cierto —dijo Simmias— es lo que dices, Sócrates!