Dialogos III
Dialogos III —Sócrates, en lo demás a mà me parece que dices bien, pero lo que 70adices acerca del alma les produce a la gente mucha desconfianza en que, una vez que queda separada del cuerpo, ya no exista en ningún lugar, sino que en aquel mismo dÃa en que el hombre muere se destruya y se disuelva, apenas se separe del cuerpo, y saliendo de él como aire exhalado o humo se vaya disgregando, voladora, y que ya no exista en ninguna parte. Porque, si en efecto existiera ella en sà misma, concentrada en algún lugar y apartada de esos males que hace un momento btú relatabas, habrÃa una inmensa y bella esperanza, Sócrates, de que sea verdad lo que dices. Pero eso, tal vez, requiere de no pequeña persuasión y fe, lo de que el alma existe, muerto el ser humano, y que conserva alguna capacidad y entendimiento[35].
—Dices verdad Cebes —dijo Sócrates—. Pero ¿qué vamos a hacer? ¿O es que quieres que charlemos[36] de esos mismos temas de si es verosÃmil que sea asÃ, o de si no?
—Yo, desde luego —dijo Cebes—, escucharÃa muy a gusto la opinión que tienes acerca de estas cosas.
—Al menos ahora creo —dijo Sócrates— que nadie que nos oiga, cni aunque sea autor de comedias[37], dirá que prolongo mi cháchara y que no hago mi discurso sobre los asuntos en cuestión. Conque, si os parece bien, hay que aplicarse al examen.