Dialogos III
Dialogos III —Entonces es por eso, Cebes, por lo que los en verdad amantes del saber son ordenados y valerosos, y no por los motivos que dice la gente. ¿O es que tú los crees?
—Desde luego que no, al menos yo. 84a
—Pues no. Por el contrario, el alma de un hombre que es filósofo harÃa el razonamiento siguiente, y asà no creerÃa que por un lado era preciso que la filosofÃa la liberara, y, al liberarla, ella debÃa entregarse a los placeres y, a la vez, a los dolores, encadenándose a sà misma de nuevo, y asà ejecutar una labor de Penélope al manipular el telar en sentido contrario[56]. Antes bien, consiguiendo una calma de tales sentimientos, obedeciendo al razonamiento y estando siempre de acuerdo con él, observando lo verdadero, lo divino y lo incuestionable, y aliméntandose bcon ello, cree que debe vivir asà mientras tenga vida y, una vez que haya muerto, al llegar hasta lo congénito y lo de su misma especie, quedará apartada de los males humanos. Y con semejante régimen de vida nada tremendo resulta, Simmias y Cebes [con estos preparativos[57]], que no tema que, disgregada en la separación del cuerpo, se esfume disipada por los vientos y revoloteando y no exista más en ninguna parte.