Dialogos VII
Dialogos VII SÓCRATES Y UN DISCÍPULO
SÓCRATES. — Entonces, ¿qué es la codicia? ¿Qué es, [225a] en definitiva, y quiénes son los codiciosos?
DISCÍPULO. — Yo creo que son los que aspiran a lucrarse con cosas que no valen nada[1].
SÓC. — ¿Y tú crees que saben que no valen nada o que lo ignoran? Porque si no lo saben, estás llamando necios a los codiciosos.
DISC. — Es que no los estoy llamando necios, sino bellacos, [b] ruines, que se dejan dominar por el lucro, y aunque saben que no tiene ningún valor aquello de lo que descaradamente tratan de lucrarse, sin embargo, por su falta de pudor lo siguen codiciando.
SÓC. — ¿Quieres decir entonces que el codicioso es algo así como un labrador que se dedica a plantar y, aunque sabe que la planta no tiene valor alguno, intenta sacar ganancia de ella una vez crecida? ¿Quieres decir que es una persona así?
DISC. — Desde luego, Sócrates, el codicioso cree que debe sacar provecho de todo.
SÓC. — No me contestes así, a la ligera, como si alguien [c] te hubiera ofendido, sino préstame atención y contéstant como si empezara a preguntarte de nuevo. ¿Estás de acuerdo en que el codicioso conoce el valor de lo que pretende lucrarse?
