Dialogos VII
Dialogos VII Tú, Demódoco, me pides que os aconseje sobre los [380a] temas que vais a tratar en vuestra reunión[1]. Pero se me ocurre examinar en qué consiste vuestra reunión, la intención de los que creen aconsejaros y el voto que cada uno de vosotros piensa emitir[2]. Sin embargo, si no es posible deliberar con corrección y competencia en los temas que tocaréis en vuestra reunión, ¿cómo no es ridículo que os reunáis para deliberar sobre unos asuntos a propósito de los cuales no es posible opinar exactamente? Pero ¿cómo [b] no es absurdo que sea posible dar un recto y competente consejo sobre tales cuestiones, mas no exista ninguna ciencia que permita dar este recto y competente consejo? No obstante, si existe alguna ciencia por la cual sea posible manifestar tal correcta opinión, ¿no es también necesario que haya algunos hombres que, gracias a su saber, puedan opinar sobre tales asuntos? Y, si hay hombres capacitados para aconsejar sobre las cuestiones que vais a tratar en vuestra reunión, ¿no es necesario que también vosotros o [c] bien sepáis opinar sobre ello, o bien que no sepáis, o bien que algunos de vosotros podáis hacerlo y otros, en cambio, no? Si todos entendéis en ello, ¿qué necesidad tenéis de reuniros para deliberar? Pues cada uno de vosotros es capaz de opinar. Pero, si ninguno de vosotros sabe hacerlo, ¿cómo podréis deliberar? O ¿qué provecho sacaréis de esta reunión si no podéis deliberar? En cambio, si algunos de vosotros sabéis y otros no, y éstos están necesitados [d] de consejo, si se da el caso de que un hombre sensato pueda aconsejar a los inexpertos, uno solo, sin duda, es suficiente para asesorar a quienes de entre vosotros no están capacitados para deliberar. ¿Acaso los que saben no dan, todos ellos, los mismos consejos? De modo que, después de oír a este hombre, podéis abandonar la reunión. Pero ahora no hacéis esto, sino que queréis atender a muchos consejeros, con lo cual suponéis que los que intentan aconsejaros no son conocedores de los asuntos sobre los cuales os exhortan. Pues, si presupusierais que vuestros consejeros saben, os bastaría con escuchar a uno solo. Por tanto, reuniros, como si hicierais algo útil, para escuchar [381a] a quienes no saben, ¿cómo no va a ser ilógico? Y éstas son mis dudas respecto a vuestra reunión[3].
