Dialogos VII
Dialogos VII Nos hallábamos paseando por el pórtico de Zeus Liberador[1] [392a] Erixias de Estiria[2] y yo, cuando se nos acercaron Critias[3] y ErasÃstrato[4], el sobrino de Féax[5], hijo de ErasÃstrato —el cual, precisamente, habÃa regresado hacÃa poco de Sicilia y de aquellas regiones—. Se acercó a nosotros y dijo:
— Salud, Sócrates.
[b] — Salud también a ti —respond×. ¿Qué? ¿Puedes contarnos alguna buena noticia de Sicilia[6]?
— En efecto —dijo—. Pero ¿queréis que primero nos sentemos? Pues estoy cansado, al haber andado ayer desde Mégara.
— De acuerdo, si te parece.
— ¿Qué queréis oÃr primero de los de allÃ? ¿Acaso lo que ellos hacen, o cuál es su actitud con vuestra ciudad? Pues me parece que se comportan con nosotros como avispas: [c] cuando alguien las provoca y encoleriza un poco, son irresistibles, hasta que se las ataca y destruye del todo[7]. Asà también los siracusanos: si alguien no se esfuerza por llegar allà con una gran flota, no será posible que esta ciudad alguna vez nos esté sometida, sino que con pequeñas expediciones se encolerizarán más, y asà serán mucho más difÃciles. Incluso ahora nos han enviado embajadores con la intención, me parece, de engañar a nuestra ciudad.
