Dialogos VII
Dialogos VII PLATÓN DESEA BUENA SUERTE A LOS PARIENTES Y AMIGOS DE DIÓN
Me mandasteis una carta diciéndome que debÃa estar convencido de que vuestra manera de pensar coincidÃa con la de Dión y que, precisamente por ello, me invitabais a que colaborara con vosotros en la medida de lo posible, [324] tanto con palabras como con hechos. Pues bien, en lo que a mà se refiere, yo estoy de acuerdo en colaborar si, efectivamente, tenéis las mismas ideas y las mismas aspiraciones que él, pero, de no ser asÃ, tendré que pensármelo muchas veces. Yo podrÃa hablar de sus pensamientos y de sus proyectos, no por mera conjetura, sino con perfecto conocimiento de causa. En efecto, cuando yo llegué por primera vez a Siracusa[1], tenÃa cerca de cuarenta años; Dión tenÃa la edad que ahora tiene Hiparino[2], y las convicciones que tenÃa entonces no dejó de mantenerlas durante [d] toda su vida: creÃa que los siracusanos debÃan ser libres y debÃan regirse por las leyes mejores, de modo que no es nada sorprendente que algún dios haya hecho coincidir sus ideales polÃticos con los de aquél. Merece la pena que tanto los jóvenes como los que no lo son se enteren del proceso de gestación de estos ideales; por ello voy a intentar explicároslo desde el principio, ya que las circunstancias presentes me dan ocasión para ello.
