Eutidemo
Eutidemo Entonces sospeché que estos extranjeros, cuando les suplicamos que interrogaran a Clinias, habÃan creÃdo que esta súplica no habÃa sido de buena fe, y que quizá por esto cuanto habÃan dicho solo habÃa sido por broma y diversión. Por esta razón respondà con viveza a Dionisodoro:
—Ciertamente es de corazón.
—Mira lo que dices, Sócrates —repuso Dionisodoro—; no sea que niegues después lo que afirmas ahora.
—Sé bien lo que digo —respond×, y estoy muy seguro de que no lo he de negar.
—¿Qué es lo que decÃs? ¿No deseáis que este joven se haga sabio?
—SÃ.
—Y bien ¿Clinias es sabio o no es sabio?
—Dice que no lo es aún, porque es un joven sin orgullo.
—¿Queréis, pues, que Clinias sea sabio y no ignorante?
—SÃ.
—¿Por consiguiente, queréis que se haga lo que no es, y que no sea lo que ahora es?