Fedón
Fedón Pero esta argumentación suscita dos objeciones. ¿No puede decirse de la armonía de una lira, lo mismo que del alma, que es invisible e inmaterial? ¿Y no puede entonces temerse que suceda con el alma lo que con la armonía, esto es que perezca antes del cuerpo, como la armonía perece antes de la lira? Esta objeción es especiosa. Para reducirla a la nada, basta considerar que no puede seriamente compararse el alma con la armonía por dos poderosas razones: la primera, porque existe antes del cuerpo, como se ha demostrado, y es un absurdo decir que la armonía existe antes que la lira; la segunda, porque el alma manda al cuerpo y gobierna sus órganos, al paso que es un absurdo decir que la armonía manda a las partes de la lira. Y véase cómo la preexistencia y la libertad del alma vienen, en cierto modo, en auxilio de la inmortalidad que se pone en duda.