Fedón
Fedón Cuando Sócrates hubo acabado de hablar, Critón, tomando la palabra, le dijo:
—Bueno, Sócrates; pero ¿no tienes nada que recomendarnos ni a mí ni a estos otros sobre tus hijos o sobre cualquier otro negocio en que podamos prestarte algún servicio?
—Nada más, Critón, que lo que os he recomendado siempre, que es el tener cuidado de vosotros mismos, y así haréis un servicio a mí, a mi familia y a vosotros mismos, aunque no me prometierais nada en este momento; mientras que si os abandonáis, si no queréis seguir el camino de que acabarnos de hablar, todas las promesas, todas las protestas que pudieseis hacerme hoy, todo esto de nada serviría.
—Haremos los mayores esfuerzos —respondió Critón— para conducirnos de esa manera; pero ¿cómo te enterraremos?
—Como gustéis —dijo Sócrates—; si es cosa que podéis cogerme y si no escapo a vuestras manos.
Y sonriéndose y mirándonos al mismo tiempo, dijo: