Fedón
Fedón —Pienso, Sócrates —dijo Critón—, que el sol alumbra todavÃa las montañas, y que no se ha puesto; y me consta, que otros muchos no han bebido el veneno sino mucho después de haber recibido la orden; que han comido y bebido a su gusto y aun algunos gozado de los placeres del amor; asà que no debes apurarte, porque aún tienes tiempo.
—Los que hacen lo que tú dices, Critón —respondió Sócrates—, tienen sus razones; creen que eso más ganan, pero yo las tengo también para no hacerlo, porque la única cosa que creo ganar, bebiendo la cicuta un poco más tarde, es hacerme ridÃculo a mis propios ojos, manifestándome tan ansioso de vida, que intente ahorrar la muerte, cuando esta es absolutamente inevitable[29]. AsÃ, pues, mi querido Critón, haced lo que os he dicho, y no me atormentes más.
Entonces Critón hizo una seña al esclavo que tenÃa allà cerca. El esclavo salió, y poco después volvió con el que debÃa suministrar el veneno, que llevaba ya disuelto en una copa. Sócrates viéndole entrar, le dijo:
—Muy bien, amigo mÃo; es preciso que me digas lo que tengo que hacer; porque tú eres el que debes enseñármelo.