Fedro
Fedro SÓCRATES — FEDRO
SÓCRATES. —Mi querido Fedro, ¿adónde vas y de dónde vienes?
FEDRO. —Vengo, Sócrates, de casa de Lisias[1], hijo de Céfalo, y voy a pasearme fuera de muros; porque he pasado toda la mañana sentado junto a Lisias, y siguiendo el precepto de Acúmeno, tu amigo y mÃo, me paseo por las vÃas públicas, porque dice que proporcionan mayor recreo y salubridad que las carreras en el gimnasio.
SÓCRATES. —Tiene razón, amigo mÃo; pero Lisias, por lo que veo, estaba en la ciudad.
FEDRO. —SÃ, en casa de EpÃcrates, en la casa Moriquia, que está próxima al templo de Zeus OlÃmpico[2].
SÓCRATES. —¿Y cuál fue vuestra conversación? Sin dudar, Lisias te regalarÃa algún discurso.
FEDRO. —Tú lo sabrás, si no te apura el tiempo, y si me acompañas y me escuchas.
SÓCRATES. —¿Qué dices?, ¿no sabes, para hablar como PÃndaro, que no hay negocio que yo no abandone por saber lo que ha pasado entre tú y Lisias?
FEDRO. —Pues adelante.
SÓCRATES. —Habla pues.
